lasiestadelcarnero
Que el trabajo es salud hay que tomarlo como algo relativo a la vista de los altos índices de siniestralidad que soportamos en España. Hasta el trabajo sedentario de oficina, que no parece peligroso, se convierte en una actividad de riesgo porque puede acarrear serios problemas como inflamación de muñeca, fatiga muscular, fatiga visual, carga mental, etc. Así que en los convenios debería incluirse un plus de penosidad para quienes trabajan en oficinas y despachos. Si estar ocupado, sentirse útil y ganarse la vida honradamente es positivo sobre el papel, en la realidad vemos que todos los trabajadores se transforman en una especie de aventureros cuando se dirigen a sus ocupaciones laborales. No es de extrañar pues que en este país existan tantos pensionistas y enfermos profesionales que prefieren la seguridad de la casa o del bar.
No entiendo la asistencia de tres ministros y de los reyes de España a la primera misa celebrada por el nuevo Papa, cuando éste en sus homilías utiliza varios idiomas,no el español, y ya ha empezado a inmiscuirse en la política española recomendando a los funcionarios que no celebren bodas de personas del mismo sexo, alegando la libertad de conciencia que él no respeta en tantas ocasiones. Es como si el gobierno español pidiese a los sacerdotes que no celebrasen bodas religiosas. Al PP le parece bien que el Papa opine contra nuestra política, pero pondría el grito en el cielo si esa misma recomendación la hubiese anunciado un político que no fuese de su ideología. Este Papa parece un lobo con piel de cordero y habrá muchas ocasiones en que como tal se descubrirá, no en balde ha dirigido durante años una Congregación que es la versión moderna del Santo Oficio, por no aludir a su pasado de joven hitleriano.
Tal como está el panorama laboral ya es suerte que a alguien con problemas de apatía y sentimientos de inutilidad le ofrezcan tres trabajos a elegir, máxime cuando está condenado por llevarse el dinero. Ahora para aspirar a un trabajo decente hay que ser joven, entusiasta, titulado superior, con masters, experiencia, idiomas y además aprobar el examen de un psicólogo, que con esto de la selección de personal han encontrado los psicólogos un filón. Creo que en este caso ha primado la amistad o el compadreo, aunque está bien que a las personas se les dé alguna oportunidad, no como antes, que para entrar en una empresa exigían certificado de buena conducta y de carecer de antecedentes penales. El Lute se reinsertó en la sociedad gracias a su esfuerzo y a una oportunidad, claro que él estaba acusado de robar gallinas y una joyería, no de quedarse con dos mil millones de pesetas.
Los mismos que lloraban la muerte del último Papa reían y aplaudían felices por la elección del nuevo, una especie de inquisidor con el que la Iglesia Católica no sólo no se adaptará a los nuevos tiempos sino que volverá a la época medieval. Se cumplirá el dicho "malos vendrán que bueno me harán". A los testigos de la fumata negra y la fumata blanca lo que menos les importaba era la personalidad del elegido, hubiesen celebrado cualquier nombre. Estaba cantado que el siguiente Papa se señalaría entre los más conservadores de los candidatos. Con Benedicto XVI los creyentes lo tendrán más difícil todavía y los no creyentes verán más cerca el infierno. Este nuevo Papa, entre otras lindezas, ha afirmado que "el laicismo está poniendo en peligro la libertad". Es sarcástico que alguien como él defienda la libertad.
Que los propietarios de gasolineras acusados de fraude reconozcan el delito y acepten la sentencia es señal de que les sale a cuenta, de que les beneficia porque es leve y no les perjudica. La cárcel está llena de gente que se proclama inocente, pero estos gasolineros no irán a la cárcel a pesar de haber estafado a sus clientes, que no recuperarán el dinero birlado de sus bolsillos vía mangueras de combustible. Se trata de una justicia a la carta, a gusto de las dos partes. Los consumidores pagamos un precio muy elevado por la gasolina, tenemos que servirnos con el riesgo de mancharnos y derramar el combustible, y encima nos cobran de más sin que eso tenga consecuencias graves para los responsables. Toda la culpa no es de la administración de justicia porque somos tan confiados o descuidados que no guardamos los justificantes de la compra en esos lugares y así se hace imposible que se nos devuelva lo defraudado. En este caso, de no ser por una asociación de consumidores lo culpables hubiesen salido completamente de rositas.
La ministra de la Vivienda ha propuesto construir habitáculos de treinta metros cuadrados para solucionar el problema de una parte de la población que no puede acceder a una vivienda normal. Como todo lo que se pone en práctica, puede ser útil para algunos casos, pero esto tiene poco que ver con lo que dice la Constitución, que todos los españoles tenemos derecho a una vivienda digna, no a una madriguera, zulo, cuchitril o cueva. La ministra habla de que esta clase de residencia existe en los paises nórdicos (eso viste mucho) y que se trata de una solución transitoria y rotatoria, como si nos pudiésemos cambiar de casa como de zapatos. Pero ya que los cargos de ministros son transitorios y rotatorios deberían ocupar ellos las primeras viviendas de treinta metros y así demostrarnos lo bien que se vive en un espacio tan estrecho y agobiante. Sería la mejor forma de convencernos.
Para que el PP consiga que los trabajos de la comisión de investigación del atentado del 11 de marzo se alarguen hasta el infinito y así no se llegue nunca a conclusiones que le perjudiquen, no debería conformarse con exigir la comparecencia de un agente de los servicios secretos españoles, sino ir más allá en este campo y pedir la presencia de James Bond, el inspector Clousseau, el inspector Gadget, el detective Pepe Carvalho, Poirot, Maigret, Flint, Sherlock Holmes, Watson, Harry el sucio, Los ángeles de Charly y otros que se le ocurra, hasta que los miembros de la comisión se den por vencidos, tiren la toalla y firmen lo que convega a los populares.
Que la fe mueve montañas lo hemos comprobado recientemente en forma de millones de personas que han acudido a Roma tras la muerte del Papa. Que la sugestión obra milagros ya hemos empezado a oirlo. Si son necesarios tres milagros para ser nombrado santo, al último Papa le sobrarán unos cuantos. Su santidad parece ya incuestionable y es a petición popular. Plazos y procedimientos pueden acelerarse para dar satisfacción a los fervorosos creyentes y el nuevo Papa comenzará su ministerio presionado por esta circunstancia. Poco margen de maniobra tendrá esa figura del abogado del diablo, si aún existe, el investigador que debe asegurarse de la veracidad de los fenómenos atribuidos al candidato a la santidad. Poco santo es, de todas maneras, que se proteja a un obispo americano acusado de pederasta, un pecado que la Iglesia Católica condena de puertas para afuera, porque es un problema que afecta a algunos de sus miembros.
La información sobre el hecho de que la tortura y la pena de muerte se aplican todavía en muchos paises, de manera abierta o solapada, demuestra la decadencia de nuestra civilización, la debilidad de los Estados, la injusticia social. Cuando el poder recurre a estas lacras para defenderse reconoce su inseguridad, sus deseos de venganza y su prepotencia asesina, propio de paises que dudan poco a la hora de provocar guerras. Torturar a un ser humano, inocente o culpable de delitos o sospechas, es rebajarse a los niveles ínfimos del humanitarismo, la pena de muerte es puro y duro odio disfrazado de justicia, impotencia, intentos de acallar deseos de venganza que individualmente pueden ser comprensibles pero que no se pueden convertir en norma de actuación para quienes dirigen las naciones. Casi la misma falta de humanidad veo en la incomprensión de la gente ante los inmigrantes que llegan en busca de una vida digna, de un trabajo para sobrevivir y ayudar a su familia que queda en sus lugares de origen, con los problemas que además tienen que soportar de desarraigo y añoranza.
La muerte del Papa ha desatado el fervor de muchos creyentes, también la histeria y la mitomanía, como si de una estrella del espectáculo fuese, y en parte lo era. El Vaticano se beneficia del carisma de este personaje y obtiene propaganda gratis y mundial con la exhibición de su enfermedad, agonía y muerte, con la colaboración del afectado, de las personas que le han rodeado y de los medios de comunicación que nos saturan durante horas contándonos lo mismo una y otra vez, y aún quedan los días de exposición del cadáver (toda una atracción turística, con el agotamiento de los artículos de recuerdo incluido), las colas desfilando, el funeral y la fumata blanca. De lo que no nos enteraremos será de la lucha interna por el poder, propia de un Estado absolutista. Mientras esto sucede no dejarán morir al príncipe Rainiero, pues sería un fallecimiento con sus correspondientes ceremonias muy deslucidos, y los altos representantes políticos de los países no podrían acudir a dos sitios a la misma vez para homenajear a los muertos ilustres.
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