San Martín
Ancianos que aparecen cadáveres en sus casas después de largo tiempo, incluso años, sin que alguien les eche en falta (ni familiares ni vecinos), el colmo de la soledad y del abandono. No tan antiguamente el anciano era el patriarca de la familia, se le respetaba, escuchaba y protegía. Ahora preferimos vivir tranquilos, ser egoístas, que no nos cuenten batallitas, cada uno en su casa y Dios en la de todos. El ritmo de vida que llevamos, tantas horas fuera de casa. no nos da tiempo para atenderlos, aunque nos vienen muy bien cuando están activos y cuidan a nuestros niños, y después los arrumbamos cual trastos viejos. No pensamos que lo que les hagamos nos harán después nuestros hijos porque habrán visto nuestra actuación como algo normal y ellos procederán igual o aumentado. También nos lo mereceremos. Creemos que nunca llegaremos a esa situación, que nunca seremos viejos o que podremos valernos por nosotros mismos, pero estamos muy equivocados. A cada cerdo le llega su San Martín.
1 comentario
Una mirada alrededor -
Saludos.
P.S.- Excelentes reflexiones las tuyas que, evidentemente, suscribo.